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Cartas de la Web
3. Octubre-diciembre 2008. Indicadores estadísticos para el espacio mediterráneo
Lettres du site
3. Octobre-décembre 2008. Des indicateurs statistiques pour l’espace méditerranéen
Un sistema básico, internacional, de indicadores socioeconómicos (incluida la dimensión demográfica) a escala de toda la cuenca mediterránea, sostenido por definiciones y procesos de elaboración todo lo homogéneos que sea posible (sin dejar de tener en cuenta los fuertes contrastes entre contextos); un sistema apoyado, huelga decirlo, en la disponibilidad de fuentes estadísticas suficientes en cantidad y calidad: ¿hace falta argumentar mucho para persuadir de la pertinencia de este desiderátum? A su interés para los análisis sociales, tanto a escala de cada país como del conjunto de la región, se uniría su indudable utilidad para algunas políticas públicas que son o podrían (y deberían) ser cruciales para las sociedades mediterráneas, ya sea para definir sus objetivos o para hacerse una idea más ajustada sobre su verdadero alcance.
La desigualdad de situaciones, principalmente entre las riberas Norte, de un lado, y Sur y Este, de otro, pero también, a cada lado del Mediterráneo, entre unos y otros países (y dentro de ellos), tiene su prolongación en la información estadística ahora disponible, y constituye un serio escollo para una construcción estadística con visión integradora y comparativa... a la vez que un estímulo para ésta. ¿Qué deberíamos medir y cuáles deberían ser las prioridades? ¿Con qué instrumentos? ¿A partir de qué definiciones? Objetivamente, algunos consensos no son fáciles. Se precisa mucha reflexión y debate compartidos, con intervención de investigadores y de técnicos de los distintos países, encuadrados en el ámbito académico y científico y en el de la producción estadística.
El expediente que se plantea es enorme como para pretender abarcarlo aquí, aunque fuera muy resumidamente, en cada uno de sus ángulos. El dossier de Redamed que presentamos es una pequeñísima muestra de las problemáticas que se suscitan, de sus distintos planos (el de las fuentes de base, el de algunos indicadores y sus significados) y contenidos (aquí representados por los sociodemográficos y los socioeconómicos, principalmente) y de las diferentes perspectivas que deben concertarse. La del Instituto de Estadística de Andalucía (IEA), como organismo productor de estadística en la Comunidad Autónoma de Andalucía, es una introducción al objeto de este dossier y repasa los precedentes de distintas iniciativas, de alcance fundamentalmente europeo, para la armonización de operaciones estadísticas, subrayando en cada caso sus características y sus limitaciones. La contribución de Andreu Domingo y Albert Esteve, del Centre d’Estudis Demogràfics de Barcelona (CED), está centrada en la dimensión demográfica y, muy especialmente, en una fuente y un tipo de información estadística: los censos de población y sus microdatos, recogiendo el inventario de las muestras disponibles para cada uno de los países ribereños, realizado en el marco de otra iniciativa internacional en la que el CED es la institución de referencia europea. Pero esta especialización no conlleva el menor atisbo de una visión regional reductora y pandemográfica, como muestran con toda claridad los autores en unas útiles reflexiones sobre determinadas “imágenes” regionales que incurren en esa imputación, a despecho de la información estadística accesible, de las que no sale bien parada. Por último, Bouziane Semmoud, catedrático de geografía en la Universidad de París 8, aborda la problemática seleccionada a través de los principales indicadores socioeconómicos: el PIB y sus insuficiencias, el IDH basado en las propuestas del Nóbel Amartya Sen y popularizado por los informes anuales del PNUD, los índices de “pobreza”... El autor acompaña su presentación de interesantes apuntes de reflexión sobre los conceptos que están en la base de los distintos indicadores, sobre su naturaleza y algunas de sus implicaciones teóricas y prácticas para los análisis, sobre su significación forzosamente diferente en función de las condiciones concretas en cada país, al Norte y al Sur del Mediterráneo, y la difícil comparabilidad que de ello se deriva.
Como afirma B. Semmoud, las consignas contra la “exclusión” y la “pobreza” han desplazado en gran medida (¡y no sólo en el Sur!) a las que apuntaban al “desarrollo”, tanto en el discurso de los poderes públicos como en muchos análisis sociales, “como si el subdesarrollo social fuera una fatalidad”. Esta constatación va mucho más allá de las carencias de ésta o aquella construcción estadística y de las propuestas de mejora que puedan suscitar: por ejemplo, el carácter, pese a todo, “grosero” del IDH, en palabras de su propio creador, y las insuficiencias de este índice, particularmente en su aplicación a los países más desarrollados (Le Monde, 06-02-2008).
Tal vez huelgue recordarlo: debe evitarse la ilusión de tomar por realidades sociales a las herramientas (estadísticas, entre otras) que pueden facilitarnos su análisis. La estadística más y mejor desagregada, los indicadores más depurados pueden ser de gran ayuda para estudiar importantes procesos sociales. En ningún caso sustituyen al análisis. Los “umbrales” mejor meditados para dar cuenta de la “pobreza” no nos dirán nada de los mecanismos que producen pauperización de un lado, acumulación de otro, ni de las relaciones entre estas dos tendencias, en un país y entre unos países y otros, que es lo que de verdad importa comprender. Una clasificación social en estratos concebidos como meros escalones por los que se reparten ya sea grupos, ya sea países, nos dice muy poco sobre las interacciones y las dinámicas que aspiramos a conocer mejor. La realidad de las clases sociales no desaparece porque se la diluya en un enfoque reducido a la oposición entre “excluidos” e “incluidos”, ni por el auge de los análisis microeconómicos estrictamente centrados en individuos1 .
Los instrumentos (fuentes, conceptos, categorías de análisis) y las mejoras de las que sean susceptibles deben pensarse, sin olvidar que hasta cuando no se pueda cuantificar... siempre deberíamos poder razonar. El análisis histórico de una formulación del “desarrollo” que estuvo de moda en los años sesenta del siglo pasado ha dejado lecciones que continúan vigentes2 .
1.Emmanuel Pierru y Alexis Spire, “Le crépuscule des catégories socioprofessionnelles”, Revue Française de Science Politique, vol. 58, nº 3, junio 2008.
2.Pierre Vilar, “Desarrollo económico y progreso social. Las etapas y los criterios”, en P. Vilar, Crecimiento y desarrollo. Economía e historia. Reflexiones sobre el caso español, Barcelona, Ariel, 1964.
Un système international d’indicateurs socioéconomiques (comprenant également le domaine démographique) à l’échelle de l’ensemble du bassin méditerranéen, construit sur des définitions et des procès d’élaboration aussi homogènes que possible (sans pour autant perdre de vue les contextes fort contrastés) ; un système qui s’appuierait, bien évidemment, sur la disponibilité de sources statistiques suffisantes en quantité et en qualité : est-il besoin de longs arguments pour se persuader de la pertinence de tels desiderata ? À l’intérêt que ce système comporterait pour les analyses sociales, aussi bien à l’échelle de chaque pays qu’à celle de toute la région, s’ajouterait le service qu’il pourrait rendre aux politiques publiques qui sont ou pourraient (et devraient) être cruciales pour les sociétés méditerranéennes, que ce soit au stade de la définition de leurs objectifs ou pour se faire une idée plus précise à propos de leur portée réelle.
L’inégalité des situations, notamment entre les rives Nord, d’un côté, et Sud et Est, de l’autre, ainsi que dans chaque rive, entre les pays (et à l’intérieur de ceux-ci), concerne aussi l’information statistique aujourd’hui disponible, et entrave sérieusement tout effort de construction statistique animé d’un propos intégrateur et comparatiste… en même temps qu’elle l’encourage. Que devrions-nous mesurer et quelles devraient être les priorités ? Avec quels instruments ? À partir de quelles définitions ? Objectivement, certains consensus ne s’imposeront pas d’eux-mêmes. Une dose importante de réflexion et de débat partagés sera requise, avec la participation de chercheurs et de techniciens des différents pays, relevant des domaines académique et scientifique et de celui de la production statistique.
Le chantier visé est immense pour prétendre l’aborder ici, même sommairement, sous tous les angles d’approche. Le dossier de Redamed que nous présentons n’est qu’un bien petit échantillon des problématiques qui se posent, de leurs différentes composantes (sources de base, indicateurs et leur signification), de la diversité des contenus concernés (ici représentés par ceux de nature sociodémographique et socioéconomique, principalement) et des perspectives qui doivent se concerter. Celle de l’Institut des Statistiques d’Andalousie (IEA), en tant qu’office producteur de statistiques au niveau de la Communauté Autonome d’Andalousie, est une introduction à l’objet de ce dossier et parcourt les précédents apportés par plusieurs initiatives, pour l’essentiel de portée européenne, orientées par une préoccupation d’harmonisation internationale des opérations statistiques, en en relevant dans chaque cas les caractéristiques et les limites. La contribution d’Andreu Domingo et Albert Esteve, du Centre d’Études Démographiques de Barcelone (CED), se centre sur la dimension démographique, très spécialement sur une source concrète et un type d’information statistique : les recensements de la population et leurs micro-données. Ils en reprennent l’inventaire des échantillons disponibles pour chaque pays riverain, qui est le fruit d’une autre initiative internationale dans laquelle le CED est l’institution européenne de référence. Mais cette spécialisation n’a rien d’une vision régionale réductrice et pan-démographique, comme il en ressort nettement des réflexions très utiles que les auteurs ont introduites à propos de certaines « images » régionales emportées par ce genre d’imputation, en dépit et à l’encontre de toute information statistique accessible. De son côté, Bouziane Semmoud, professeur de géographie à l’Université Paris 8, contribue à ce dossier en se penchant sur les principaux indicateurs socioéconomiques : le PIB et ses insuffisances ; l’IDH basé sur les propositions du Prix Nobel Amartya Sen, et popularisé par les rapports annuels du PNUD ; les indices de « pauvreté »… L’auteur accompagne sa présentation d’une intéressante esquisse de réflexion sur les concepts qui sont à l’origine des différents indicateurs, sur leur nature et certaines implications d’ordre théorique et pratique pour les analyses, sur leur signification forcément inégale en fonction des conditions concrètes dans chaque pays, au Nord et au Sud de la Méditerranée, et les difficultés qui en résultent quant à leur comparabilité.
Comme l’affirme B. Semmoud, les mots d’ordre contre l’ « exclusion » et la « pauvreté » ont déplacé dans une large mesure (et pas seulement au Sud !) ceux qui visaient jadis le « développement », aussi bien dans le discours des pouvoirs publics que dans de nombreuses analyses sociales, « comme si le sous-développement social était une fatalité ». Ce constat dépasse les problèmes posés par telle et telle construction statistique et les améliorations que ceux-ci peuvent susciter : par exemple, le caractère, malgré tout, « grossier » de l’IDH, selon son créateur, et les insuffisances de cet indice, notamment dans son application aux pays les plus développés (Le Monde, 06-02-2008).
Qu’on nous excuse s’il ne fût pas nécessaire de le rappeler : il faut éviter toute illusion de prendre pour des réalités sociales les outils (statistiques, entre autres) qui peuvent rendre leur analyse plus aisée. La statistique la plus et la mieux désagrégée, les indicateurs toujours plus fins peuvent apporter une aide considérable à l’étude de processus sociaux fondamentaux. En aucun cas ils ne remplacent les analyses. Les « seuils » les plus médités pour rendre compte de la « pauvreté » ne nous diront rien des mécanismes engendrant paupérisation d’un côté, accumulation de l’autre, ni des relations entre ces deux tendances, à l’intérieur d’un pays comme entre les pays : pourtant, c’est bien cela qu’il importe vraiment de comprendre. Un classement social en strates conçues comme de simples paliers servant à répartir soit des groupes, soit des pays, nous renseigne assez peu sur les interactions et les dynamiques que nous devons chercher à saisir. La réalité des classes sociales ne disparaît pas du fait que nous nous contentons d’une approche réduite à l’opposition entre « exclus » et « inclus », ni de l’engouement pour les analyses microéconomiques, strictement centrées sur les individus1 .
Les outils (sources, concepts, catégories d’analyse) et les améliorations dont ils seraient susceptibles doivent être pensés, sans oublier pour autant que même lorsqu’il n’est plus possible de quantifier… nous devrions toujours pouvoir raisonner. L’analyse historique d’une certaine formulation du « développement » qui fût à la mode dans les années soixante du 20e siècle nous a laissé des leçons qui restent en vigueur2 .
1. Emmanuel Pierru et Alexis Spire, « Le crépuscule des catégories socioprofessionnelles », Revue Française de Science Politique, vol. 58, nº 3, juin 2008.
2. Pierre Vilar, « Développement historique et progrès social. Les étapes et les critères », La Pensée, 1961 [reproduit in P. Vilar, Une histoire en construction. Approche marxiste et problématiques conjoncturelles, Paris, Seuil, 1982, p. 87-121].
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